Tomas café o unos mates?

El Mate no es una bebida
Autor: Marcelo Carrica

Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida.
En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate provoca exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien y te hace pensar cuando estás solo. Cuando llega alguien a tu casa, la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”.
Esto pasa en todos los hogares, ya sean ricos o pobres.

Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide.
Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes.
Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate.

Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón…
Cuando conocés a alguien, lo invitás a compartir unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: “¿dulce o amargo?”. El otro responde: “como tomes vos”.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.

Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.

Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez unos mates solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones. El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores…

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena.
La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa.

Es la sinceridad para decir: “¡basta, cambiá la yerba!”.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, “¿está caliente, no?”.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

Ahora vos sabés: un mate no es sólo un mate…

Me gusta pensar en el mate y en sus diferencias con el café. Esa bebida negra, que por ejemplo, en Estados Unidos, cuando alguien nuevo llega al barrio es la primera invitación que recibe.

Y, el mate es distinto, es una bebida que se toma entre paisanos.

Los extranjeros no lo entienden. Me ha pasado de hacerles probar mate y los resultados son siempre los mismos: o les da asco tomar de la misma bombilla que tomo alguien mas, van a tocar la bombilla y tratar de revolver la yerba y van a tomar solo un trago y devolverlo.

Hay muchas reglas implícitas a la hora de tomar mate: sabemos que la bombilla no se toca por ejemplo y que el mate se toma hasta el final. Hasta que haga ruidito.

Con el café pasa algo distinto: hay muchas reglas a la hora de prepararlo, pero pocas en el momento de tomarlo.

Cuando preparo el café, mis amigas del sur de Italia, Nápoles y Calabria, se enojan si lo hago rápido o poco fuerte, o si no lleno la moka hasta el tope de café y si no lo presiono para que entre mas.

Nadie me dice si hay que tomarlo despacio, rápido o si hay alguna manera mas.

En el mate, hay mas de una servida, la conversación puede ser eterna. El café se toma rápido, se puede demorar la charla un rato mas después de que haya acabado, pero tampoco puede durar demasiado rato la juntada.

He escuchado frases como “si tus padres toman café, tomas café y si  tus padres toman mate, vos tomarás mate”. Tengo que decir que la experiencia me ha demostrado que no es así. Mismo, personas que antes sólo tomaban café se pasaron también al mate. Cuando les pregunté el porqué de este cambio muchos me respondieron algo como “y, es como que si somos amigos nos tomamos unos mates y listo”. El mensaje era muy claro: el mate es la bebida de la amistad. No necesitas acompañarlo con comida para tomarlo, ni estar en un lugar lindo o lujoso, de todo lo que se trata es de la charla y de la calidad de la compañía.

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2 comentarios en “Tomas café o unos mates?

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